LLegaste por la mañana, eran las nueve y veinticinco, cuando te vi cubierta de una capa blanca, acurrucada, sentada en mi vientre, llegaste con los primeros fríos otoñales, y tu llanto se fundió con el mío, al unísono, como un vals de flores. Dar las gracias a todo el equipo que estuvo atendiéndome, a la doctora Almansa, a la matrona que me atendió cuando llegué a la clínica, al matrón que estuvo luego, a las auxiliares, relaciones públicas del hospital San Carlos, a los doctores que me han atendido durante el embarazo, Eric Saucedo y Juan Luis Delgado, a todos los que han hecho posible que haya tenido las fuerzas para llegar al final. Gracias y mil gracias a su padre, Jose Juán, porque has estado pendiente de nosotras las 24 horas, antes, durante y después, a mis hijos, a mis padres siempre ahí para todo, y a mis tías Santi y Charín. A Santo especialmente por estar a los pies d emi cama, por estar en la epidural, en las falsas alarmas, en los múltiples viajes al hospital. Gracias a mis suegros, a Candelaria y Ginés, por vuestro cariño siempre desinteresado, a mis cuñadas y cuñados por todo el empeño en que estuviese todo a punto. A mis amigas, sobre todo a Rosa, que hemos compartido embarazo a la par, y de nuevo, gracias a Jose por ser como eres, eres un campeón, y no porque te lo ganasras a pulso navegando y consiguiendo trofeos en medio del mar, en medio del trabajo en medio de todo frente a la adversidad, gracias porque me has demostrado que las cosas se demuestran con hechos, y tú si que haces que todo sea posible. me despido hecha un mar de lágrimas y emoción, he de volver a mis tareas, me reclama uno de mis mejores poemas, mi hija Lucía, y como no, mis otros hijos, Alba y Fran. Y un beso muy fuerte a mi hermano, que me llenó de flores, antes de que llegara Lucía.
miércoles 11 de noviembre de 2009
Lucía nació el 5 de Noviembre
LLegaste por la mañana, eran las nueve y veinticinco, cuando te vi cubierta de una capa blanca, acurrucada, sentada en mi vientre, llegaste con los primeros fríos otoñales, y tu llanto se fundió con el mío, al unísono, como un vals de flores. Dar las gracias a todo el equipo que estuvo atendiéndome, a la doctora Almansa, a la matrona que me atendió cuando llegué a la clínica, al matrón que estuvo luego, a las auxiliares, relaciones públicas del hospital San Carlos, a los doctores que me han atendido durante el embarazo, Eric Saucedo y Juan Luis Delgado, a todos los que han hecho posible que haya tenido las fuerzas para llegar al final. Gracias y mil gracias a su padre, Jose Juán, porque has estado pendiente de nosotras las 24 horas, antes, durante y después, a mis hijos, a mis padres siempre ahí para todo, y a mis tías Santi y Charín. A Santo especialmente por estar a los pies d emi cama, por estar en la epidural, en las falsas alarmas, en los múltiples viajes al hospital. Gracias a mis suegros, a Candelaria y Ginés, por vuestro cariño siempre desinteresado, a mis cuñadas y cuñados por todo el empeño en que estuviese todo a punto. A mis amigas, sobre todo a Rosa, que hemos compartido embarazo a la par, y de nuevo, gracias a Jose por ser como eres, eres un campeón, y no porque te lo ganasras a pulso navegando y consiguiendo trofeos en medio del mar, en medio del trabajo en medio de todo frente a la adversidad, gracias porque me has demostrado que las cosas se demuestran con hechos, y tú si que haces que todo sea posible. me despido hecha un mar de lágrimas y emoción, he de volver a mis tareas, me reclama uno de mis mejores poemas, mi hija Lucía, y como no, mis otros hijos, Alba y Fran. Y un beso muy fuerte a mi hermano, que me llenó de flores, antes de que llegara Lucía.
martes 3 de noviembre de 2009
Elena tiene hambre
Dice mi tía que llora, llora desconsoladamente, sólo la calma estar cerca de su madre, en sus brazos, junto a su pecho, a pesar de que no toma la leche que quisiera. Allí le dicen las enfermeras que los primeros días son así, que es hasta que le de la subida de leche, pero la niña llora, tiene hambre. Quiere su ración de leche, que no le llega. Su madre, la mira desconcertada, qué hay que hacer, qué es lo correcto. Pero de momento, a la espera. Su abuela tiene la cara cambiada, se le ha quedado una especie de sonrisa tatuada, esa que se les queda a las abuelas cuando ya han visto nacer a sus nietas, le brillan los ojos. Yo, aún no he ido al hospital a verla, lo cierto es que entre una cosa y otra voy con las fuerzas por los suelos, midiendo las ganas que empleo en cada cosa que hago, dosificando la energía para dentro de un día, una hora, unas horas o unos días. Por las tardes llevo otra batalla, la de los deberes, estar pendiente de las tareas de los hijos, no te puedes despistar, si luego quieres que lo lleven todo bien. Los niños suelen despistarse con una facilidad pasmosa, y necesitan de rutinas, normas y horarios, cuando se les introduce en esta dinámica, los logrso académicos, terminan por florecer, y el esfuerzo merece la pena. Dirán a veces, pero qué pesada eres mamá, pero lo agradecerán, porque les estoy ayudando a crecer, a que sean responsables, autónomos y organizados, y a que valoren el esfuerzo como parte del trabajo diario. Cuando se despiertan, con la ayuda de un radio despertador, o con la voz propia llamándoles, empieza la dinámica, la cama es algo que he logrado, que no se vayan al colegio sin haberla hecho, no llega al minuto y medio el hacer una cama y dejarla estirada con la ventana abierta para que se airee el dormitorio. Tras el aseo matinal, lavarse la cara, vestirse y peinarse toca el desayuno, no consiento que se marchen sin haber desayunado, mientras ellos lo hacen les preparo el almuerzo, los dos con sus bolsas, sus zumos, sus bocadillos, su fruta o lo que se tercie, y a la mochila. Y así empieza el día....
lunes 2 de noviembre de 2009
domingo 1 de noviembre de 2009
Calendario lunar Noviembre 2009
Lo dice mucha gente, las fases de la luna influyen en los partos. Esta noche, Inma, la mujer de mi primo Alejandro se puso molesta a eso de las tres de la madrugada, y esta mañana, a ver que mire el reloj, creo que ya habrá nacido Elena, si no se ha retrasado la cosa. Lo curioso me dicen, que alli en La Arrixaca había muchas parturientas, imagino que al ser como somos agua en nuestra mayoría, y al llevar niños en agua, siguen los ciclos de las mareas. Curioso y bonito, a la par que desconocido.
viernes 30 de octubre de 2009
El sari rojo, de Javier Moro

Como los libros suelen volar entre las manos ansiosas de lectura, ayer compré este libro. El precio, unos 22 euros, los libros no suelen bajar mucho de precio, pero no me importa. Después de haber leído Pasión India, que me gustó bastante, retomo al autor con esta novela. Desconocía por completo la historia, de hecho he visto la portada miles de veces, pero no había leído de qué trataba ni nada de eso. Nos adentraremos con su lectura con la vida de Sonia Gandhi, y en las primeras páginas, te conmueve la desgraciada historia de la pérdida de un ser querido. Su marido muere a manos de un atentado, y nos cuenta el funeral con todo lo que conlleva. Descubro entre las páginas algo que siempre me llamaba la atención, y que desconocia por completo, era la simbología que representaban los tres monos budistas. Cuando era pequeña, a mi hermano y a mí nos llevaban a un pediatra particular en el centro de Murcia. De su consulta recuerdo, como si lo estuviera viendo aquí mismo, una escultura en azul brillante que tenía tres monos, uno de ellos se tapaba los oídos, otro la boca, y el tercero los ojos. Esa imagen me acompañaba cada vez que íba a la consulta, y mientras nos pesaba, miraba la garganta o nos ponía la inyección de turno con las vacunaciones propias de los niños, mis ojos siempre se giraban hacia los tres monitos, sin saber nunca qué querían decir. Ayer, descubrí que eran eso, tres principios budistas, ” No escuches maldades, no digas maldades y no veas maldades”. Así que con la historia de Javier Moro, termino la semana, y supongo empezaré la entrante.
martes 27 de octubre de 2009
Nessum Dorma, de Puccini

Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!¡Tú tampoco, oh Princesa,
en tu fría estancia
miras las estrellas
que te sacudirán de amor y de esperanza!
Mas mi misterio se encierra en mí,
el nombre mío nadie sabrá!
No, no, sobre tu boca lo diré,
cuando resplandezca la luz
Mi beso derretirá el silencio que te hace mía!
(el nombre suyo ninguno lo sabrá
¡Y nosotros deberemos, ¡Ay de mí!, morir, morir!)
Noche, disípate!
Declinad estrellas!
Declinad estrellas!
¡Al alba venceré!
Venceré, venceré!
Esta aria, corresponde al acto final de la ópera de Turandot, de Puccini
Esta aria, corresponde al acto final de la ópera de Turandot, de Puccini
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